EL PROBLEMA DE LA DECISIÓN

04 de mayo de 2026 J.C. Sobrepere 1 minuto 24 visitas 5.0 (1)
Resumen: Breve reflexión que parte de la idea de que sin valoración no hay decisión.

Esta breve reflexión o ensayo surge de la inquietud acerca de cómo se produce cualquier decisión. Es decir, imaginemos que el mundo, tanto externo, como interno, nuestra mentes, están repletas de valores que diferencian unas cosas de otras. Es tan relevante este proceso valorativo (que podamos diferenciar entre el bien y el mal), que sin este mecanismo y estas señalizaciones no podríamos tomar decisiones.

Porque entiendo decidir entre A o B como el resultado de una posible valoración previa, ya sea debido a valores fijos (inmediatos) o valores calculados (mediatos), pero el discernimiento depende de la existencia mínima de estos valores, que es al fin y al cabo lo que estudia la axiología.

Podríamos enriquecer nuestra visión introduciendo estados, como los estados de potencia y acto aristotélicos. Asociando el estado de valoración previa como la potencialidad, y la decisión como el acto. No un acto cualquiera sino un acto realizativo, que otorga sentido, y con él, significado, pero no significado pasivo como el simbólico o de los signos inertes, sino un significado activo o para redondear el concepto, una realización performativa.

Aquí convergen la Axiología, la ética (consecuencialismo y deontologismo), la estética, y la pragmática de J.L. Austin con el carácter performativo del lenguaje, pero también es posible relacionar esta encrucijada con el problema de la decisión.

Y lo más importante, sin decisión no hay proceso mental libre, no hay voluntad ni pensamiento propio, solo automatismos. Aunque aquí también habría que delimitar entre pensamientos o decisiones importadas y decisiones singulares.

Página 1 / 1
5.0
1 valoración