SOBRE LA INVISIBILIDAD DE MIS IDEAS
22 de abril de 2026
J.C. Sobrepere
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Resumen: Breve reflexión que resume mi experiencia a la hora de compartir mis ideas en el ámbito social y académico.
Al principio creía que la indiferencia hacía mis planteamientos filosóficos se debía a un problema de irrelevancia o incorrección presente en el grueso del contenido de los mismos.
El fallo estaba en el fondo o en la forma, así que me esmeré para corregir, depurar y actualizar el contenido para aquilatar el resultado final de cara a esperar ahora sí, una grata acogida.
Pero de nuevo, mis planteamientos que yo consideraba innovadores y corrosivos se volvían intrascendentes e inocuos ante una crítica inoperante.
Hasta que tras varios intentos más, pude alcanzar una preocupante conclusión, mis manuscritos e ideas que tocaban temas sensibles con gran ingenio y audacia morían en la orilla, precisamente porque yo no era nadie. No tenía el reconocimiento necesario y esto hacía mi obra invisible, inexistente.
Sin embargo, autores de gran renombre, escribían en algunas ocasiones auténticas banalidades sin sentido y una legión de aduladores por un lado y detractores por el otro, se enzarzaban en acalorados debates escrutando hasta la última minucia de aquellas palabras huecas.
Creo que esto se debe a que damos más importancia al nombre del autor y a su posición en el mundo académico, ya sea por méritos o por mero populismo político dentro de dicho mundo, que a las ideas que en un principio este es capaz de proponer.
Últimamente he repensado sobre esta lógica, que cercena buenas ideas invisibilizando el valor genuino de las mismas al vincularlas a la popularidad del autor. Es decir, que autores anónimos o desconocidos, ajenos a los círculos adecuados, al intentar presentar u objetar determinada hipótesis no es que sufran un rechazo, es que directamente quedan excluidos y desautorizados del debate.
Pensemos por un instante, en una lógica inversa, en la que lo importante no fueran los autores, sino las ideas. Y que éstas estuvieran no etiquetadas, catalogadas y parceladas sino que habitaran un territorio abierto y libre donde el pensamiento como un purasangre salvaje pudiera recorrer este ecosistema extenso sin tener que detenerse o pagar peajes.
Este idealismo que el mundo verá materializarse abrirá un universo nuevo donde cualquier podrá disfrutar y participar de la transformación cultural de nuestra sociedad percibiendo ésta como valor sustantivo e inquebrantable de nuestro sentimiento de pertenencia a una comunidad de librepensadores.
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